Granada, mejor limpia

 

Según un estudio que ha hecho público la OCU, Granada ocupa el puesto 35 en limpieza entre  60 ciudades analizadas. Valoración sacada de una encuesta a los ciudadanos. En un análisis de «campo» podemos constatar que la suciedad tiene un carácter centrífugo en nuestra ciudad: huye del centro hacia las zonas periféricas y los barrios. Con lo que podríamos sustituir temporalmente  el lema de Inagra, «Granada limpia luce más»,  por «Granada sucia brilla menos».

Paradójicamente nos dicen que los granadinos nos encontramos entre  los que pagamos más cara la tasa de recogida de residuos sólidos, después de  San Sebastián y Gerona. Lo que les lleva a inducir una verdad de Perogrullo: «carecemos de educación cívica o hay una mala gestión de los recursos». Evidentemente debemos  abandonar la disyuntiva, para asumir los dos enunciados.

Hace años, oí decir a un profesor que nos daba clase de «urbanidad» (relaciones interpersonales, aseo personal, formas en  la mesa con los  alimentos y cubiertos…) que para conocer  el nivel cívico y la sensibilidad social de un grupo o de una familia bastaba con visitar los servicios. Fórmula certera que se puede complementar con «entrar la cocina». Recuerdo, entre otros, los servicios del aeropuerto de Copenhague, donde relucían como espejos  el suelo,  las paredes,  los sanitarios…, en contraste con los de las áreas de servicio de nuestras carreteras o de la mayoría de nuestros bares y restaurantes.

Al desplazarnos del centro de nuestra bella Granada hacia la periferia observamos el progresivo incremento de la suciedad: papeles, colillas, excrementos caninos, basura junto a los contenedores, chicles pegados en las aceras… Síntoma evidente de nuestro nivel cívico, que arranca de los centros educativos, donde no se cultiva adecuadamente la higiene personal y la higiene medioambiental: mobiliario, aulas, pasillos, servicios, patios… El acelerado proceso de hominización de los canes pone también de manifiesto que, a pesar de su inteligencia, leal compañía, afecto sincero, les queda un largo camino por recorrer, y que muchos de sus dueños avanzan raudos hacia la «era primate» por sus comportamientos incívicos.

Las actividades de concienciación programadas por Ayuntamiento e Inagra,  para mayo y junio, en puntos emblemáticos de Granada, están  bien, pero no son más que un gesto simbólico.

La correlación gasto-eficiencia en limpieza, también merece una reflexión. En la zona centro, libre de aparcamientos en superficie,  los medios mecanizados de limpieza realizan mejor su cometido. Mientras que en el resto de la ciudad la escoba difícilmente puede desplazarse entre los vehículos aparcados o debajo de los mismos. No hay baldeos de aceras ni de calzadas, y los medios mecánicos funcionan de forma testimonial. Una de las últimas mañanas del pasado año, cuando la ciudad comenzaba a despertarse, me crucé con dos barrenderas de Inagra, en la calle Martínez de la Rosa. Me dio corte felicitarlas, no por el Año que iba a comenzar, sino por la extraordinaria limpieza que estaban  realizando. Seguí mi camino y encontré a otra. Ya no  pude contenerme. Le di la enhorabuena por su servicio a los ciudadanos, y por la calidad de la mujer también en este trabajo. Porque la mayoría de los operarios de Inagra son hombres, acomodados como funcionarios, atentos a mensajes y llamadas del  móvil, adictos a la radio, y ajenos, muchos,  a la limpieza exigente,  con ralas escobas que sortean la suciedad.

            Está claro que incivismo y mala gestión son la causa de esta deteriorada imagen de Granada y de sus consecuencias para la salud. Pero los responsables no son otros que nuestros representantes políticos, que no hacen cumplir las leyes de forma constante  a los ciudadanos, a la legión de rumanos que vacían contenedores y expanden residuos por el suelo, y a Inagra. Pagamos demasiado para ello.

Publicado en IDEAL de Granada el domingo  5 de mayo de 2019

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